La lucha por los casinos municipales rindió frutos

Luego de casi cuatro años desde que se conociera el resultado de la nueva licitación del casino de Pucón, de la que resultó ganadora la empresa Enjoy, mucha agua ha pasado bajo el puente. Denuncias, disputas judiciales, una reorganización en tribunales, cambios en el proyecto y una intervención de Contraloría marcaron un proyecto que en varios momentos pareció tambalearse y que nunca llegaría a puerto. 

Pero pareciera ser que el proceso por fin vería un final y el nuevo casino de Pucón está a pocos días de ser recepcionado y, si no sucede nada extraordinario (siempre puede pasar algo), en las próximas semanas las nuevas instalaciones podrían recibir el visto bueno de la superintendencia del ramo y entrar en operación. Y con eso, la municipalidad podría recibir por primera vez el impuesto anual de 121.000 UFs comprometidas en la licitación original. Y al valor de la UF del día que se escribe esta editorial ($31.749,20) la suma ascendería a $3.841.553.200. En dólares, un poco más de US $4,7 millones (US $71,4 millones en los 15 años que dura la concesión). Una gran suma de dinero para una municipalidad que debe administrar una comuna con una población cercana a las 40 mil personas.

Ahora, y más allá de las vicisitudes y problemas que tuvo la empresa para lograr su objetivo (y hay que decir que logró sortear con éxito todos los obstáculos y que estos no fueron pocos) también hay echar el tiempo atrás y recordar la pelea que dieron los siete alcaldes (incluido Carlos Barra) de las comunas con casinos municipales para que la nueva Ley de Casinos promovida por los gobiernos de la Concertación, no los absorbiera como un actor más, sino que se les reconociera en un estatuto diferenciado por la historia en relación al turismo que había detrás de cada una de estas comunas. 

Y lo anterior se consiguió y así Arica, Iquique, Coquimbo, Viña del Mar, Puerto Varas, Puerto Natales y Pucón pudieron seguir recibiendo íntegramente los beneficios impositivos que dejaban los centros de juegos y no perderlos como pudo ser mediante el proyecto de Ley original. Por lo mismo, desde esta redacción hacemos un reconocimiento a quienes se la jugaron por mantener a las siete comunas con la diferenciación original. Ahora solo resta esperar que esos dineros se ocupen y se inviertan bien y con mesura. Las necesidades de la comuna son múltiples y variadas y los recursos, aunque parezcan muchos, siempre se hacen escasos al final. Pero esa es otra historia.