Un llamado a la esperanza

*Por Rodrigo Vergara

Luego de pasadas casi 48 horas del triunfo de “Rechazo” en el plebiscito constitucional del pasado domingo 04 de septiembre, urge hacer algunas reflexiones desde lo local. Y esto, más allá de ser el periodista editor del único medio escrito eminentemente comunal, casi a título personal como puconino y amante de esta tierra en la cual convivimos los “nacidos y criados”, con los que llegaron en los años recientes; donde también hay católicos, evangélicos, agnósticos y ateos; gente con ideario de izquierda, otros de derecha; ambientalistas, empresarios, empleados, deportistas, y un largo etcétera. Es decir, es un territorio de 1.249 Kms2 en el que conviven cerca de 50 mil personas (no hay una cifra exacta) con una serie de características diferentes. Un ambiente bastante heterogéneo y cosmopolita; lo que evidentemente nos entrega una serie de potencialidades si es que sabemos llevar nuestras diferencias.

Por lo mismo los resultados que nos entregó el pasado plebiscito —en el que se rechazó por una mayoría contundente (en Pucón y en el resto del país) la propuesta constitucional de la convención— nos tienen que llevar a reflexionar un poco más allá de la pasión de saberse ganador o perdedor. El análisis debe ser un poco más profundo que eso. Esto, porque en este tiempo convulsionado nos estamos jugando mucho más que estar del lado ganador. Nos jugamos un modelo de desarrollo que marcará al país por las próximas décadas. Estamos definiendo la forma cómo convivirán y se desarrollarán nuestros hijos y nietos, por lo que la mirada debe ser, necesariamente, alejada de los cortoplacismos tan comunes en los debates actuales.

Entonces, es primordial entender que el 60% de los casi 13 millones de votantes asumió que el modelo presentado por la convención no era lo que se necesitaba para el país. Es decir, la constitución maximalista, con altos niveles de estatismo, plurinacional y con un modelo político de organización poco ortodoxo no cumplía definitivamente los estándares mínimos. Y la verdad es que a la luz de varios expertos estadistas, economistas y politólogos la propuesta era en extremo mala. Eso, sin hablar del nuevo orden del que dejaba ser el Poder Judicial, la reorganización del Ministerio Público y una serie de temas (como el aborto) que debían ser fruto de políticas públicas impulsadas por los gobiernos de turno más que una norma de nivel constitucional. Sin contar que una de las ideas fuertes —como se dijo en muchas ocasiones— era que Chile fuera la “tumba del neoliberalismo”; lo que denotaba un ánimo revanchista, partisano y de mucha ignorancia. Parece que se olvidaba que era eminentemente necesario financiar los varios derechos sociales que la propuesta aseguraba. Y para esto último (financiar), aún no se inventa nada mejor que la iniciativa privada y el emprendimiento para generar empleos, recursos y pagar impuestos que son los que, en definitiva, pagan los necesarios servicios sociales en los Estados modernos. Y, según los expertos, el texto dejaba poco espacio para eso. 

Ahora, y en la bajada local, reitero la idea que en nuestra comuna convivimos personas con características diferentes. Y por ser Pucón un sitio que genera gran interés para vivir, las diferencias se acentúan por la llegada de gente con variados acervos culturales. Pero esto último no quiere decir que unos sean mejores que otros. Y con lo anterior quiero remarcar la virulencia de las redes sociales. Y tal vez por el ambiente que se vive o, simplemente, por la superioridad moral tan propia de la generación que irrumpe; no son poco comunes los ataques, ofensas, videos malintencionados, denuncias al voleo y denostar por cosas tan personales como la fe en Dios. Y en estas últimas horas, el ninguneo a quienes votaron en contra de su preferencia.

Como editor de La Voz… me toca leer a diario posteos en nuestras noticias de personas (fácilmente identificables por su continuidad opinativa) que pareciera ser tienen solución a todos los problemas que vivimos como comunidad. Defensores de posiciones extremas; virulentos a la hora de debatir y violentos para apagar opiniones disidentes. Generalmente operadores de los extremos políticos. Los hay de izquierda que a su facilidad de palabras y de edición de videos ramplones, le agregan un supuesto (y a veces ingenuo) conocimiento en detalles de las leyes que regulan el sistema público; pero también los hay de derecha que añoran los tiempos en que los fusiles escribían las normas y se identifican fácilmente por su apego a teorías conspirativas que van desde las “vacunas asesinas” hasta la amenaza de la ONU como controlador de nuestras vidas. Nos ha tocado que estos últimos han llegado hasta las amenazas de “vernos bajo tres metros de tierra”. Entendemos, eso sí, que tantos unos y otros pertenecen a la misma especie de intolerantes que la hora de un cara a cara serían incapaces de representar y sostener todo lo que despotrican por redes sociales.

Por lo mismo, esperamos que la bofetada que entregó la votación del domingo sea un llamado de atención para todos nosotros. Es necesario alejarnos de posiciones extremas y buscar puntos de convergencia que nos permitan, por fin, construir un marco de entendimiento más parecido a la “casa de todos” que a la de “unos pocos” como era la mala propuesta de la convención. Nosotros, como La Voz…, trataremos de seguir aportando al periodismo y a la libertad de expresión. Nunca hemos ocultado nuestra posición editorial basada en los principios del Evangelio bíblico. No somos “canutos” como nos denosta constantemente cierto personaje del tipo que hablamos en los párrafos de más arriba, sino que creyentes en un Dios que es capaz de salvar al hombre a través de Jesucristo. Y lo planteamos como un ejercicio de transparencia para que todas nuestras audiencias sepan desde dónde escribimos e editorializamos. Esto, porque a la hora de hacer periodismo, los mismos principios que nos sustentan nos llevan a tratar de apegarnos lo más que se pueda a los hechos que observamos. 

Finalmente, y tal como se titula esta columna, no podemos dejar de interpretar el resultado del domingo como “un llamado a la esperanza”. Somos optimistas que tanto en Chile, como en nuestro Pucón, estaremos a la altura de los tiempos y seremos capaces de ponernos de acuerdo en nuestras diferencias. Hay esperanza para Chile y para Pucón y queremos estar ahí para ayudar a escribir esta parte de la historia.

*Rodrigo Vergara es periodista y editor de La Voz de Pucón.