¿Leer la nueva Constitución?

En los últimos días la agenda nacional incluyó el inicio de la recta final de la Convención Constitucional que partió en julio del año pasado y que nació como un acuerdo amplio luego de la “revuelta” o “estallido” social que remeció a Chile en Octubre de 2019. Y más allá de las aprehensiones lógicas de una asamblea marcada por posiciones de izquierda extrema y un indigenismo con una evidente carga ideológica; la asamblea logró parir un texto con 499 artículos que ahora entrará a las comisiones de armonización y preámbulo que deberán afinar lo que, se pretende, sea la carta magna que moldee los destinos del país por las próximas décadas.

Y más allá de valorar el texto que nació desde la Convención, desde esta redacción queremos enfocar en el llamado de casi todos los sectores a “leer el borrador” para luego formarse una opinión sobre lo presentado. Y si bien, el llamado a la lectura puede ser loable y de apariencia razonable; hay un “pequeño” detalle que se pasa por alto de parte de todos quienes lo realizan (de izquierdas y derechas): en Chile hay una mayoría de personas que no entiende lo que lee.

En ese sentido hay varios estudios de prestigiosas universidades chilenas que apuntan a que más del 40% de los chilenos, pese a saber leer, no entiende instrucciones básicas plasmadas en textos simples; y que el 80% se encuentra en niveles inferiores de competencias mínimas en este tema. Y esto es un problema que han asumido, someramente, los Gobiernos democráticos post dictadura; porque, entre otras cosas, es un freno al desarrollo y un potencial foco de peligro diario en los ciudadanos.

Entonces, cómo va a ser posible hacer comprender un texto con casi 500 artículos que habla de una serie de temas y que abarcan, prácticamente, todos los ámbitos en la vida de las personas. Eso, sin contar la redacción alambicada propia de los escritos legales. 

Así las cosas, el panorama se ve sombrío ante una población que se informa a través de matinales y redes sociales. El punto es que estamos todos expuestos a la propaganda intencionada que saldrá de los partidarios de uno y otro sector. Al final (es parte de nuestro temor) el destino constitucional de Chile se definirá por quien venda mejor el producto (en nuestra política es evidente quiénes venden mejor el discurso) y no por el análisis a conciencia del articulado que definirá el futuro del país. Esto es peligroso.