Muerte de niña en Curarrehue

Impacto causó en estos últimos días el saberse de la muerte de una menor de 15 años. Se trata de Yeni, quien falleció en el hospital de Pucón, luego de haberse descompensado mientras estaba en régimen de internado en un colegio de Curarrehue. Y más allá de lo trágico y doloroso que resulta la pérdida de una joven vida de nuestra Zona Lacustre; hay una serie de interrogantes que quedan abiertas y es necesario despejar con el correr de la investigación.

Uno de ellos es la eventualidad de un consumo de drogas de parte de la víctima. Según su propio testimonio, minutos antes de fallecer reconoció que fumó marihuana junto a unas amigas para mermar los dolores corporales que sentía. Es más que evidente que, de ser cierto, es una falla de protocolos de seguridad en un establecimiento de ese tipo que solo viene a corroborar lo que se comenta en las calles de nuestras ciudades: la droga es más común de lo que todos podemos imaginar y cada vez la edad de iniciación va a la baja. Y esto último ha sido demostrado por estudios que han hecho los diferentes gobiernos en las últimas décadas.

Por lo mismo, e independiente si la marihuana o los medicamentos que consumió la menor, le desencadenaron la crisis y el aneurisma que terminó con su vida (eso está en etapa de investigación); es necesario afrontar como comunidad un problema que nos carcome como un cáncer silencioso: el consumo de drogas en niños. 

Ya basta de llamarle a lo malo bueno y argumentar en favor del consumo de cannabis o cualquier otro tipo de drogas. Simplemente, las drogas son nocivas siempre y mucho más si los consumidores son niños. Es necesario que nuestros municipios refuercen políticas de prevención y hagan una buena comunicación de riesgo. Relativizar este problema solo lo acrecentará.