El triatlón de los “caballeros cruzados”

El pasado fin de semana fuimos testigos de un evento que marca a Pucón desde hace varias décadas: el tradicional triatlón local en su versión Ironman 70.3. Todo esto luego de dos años de suspensión, primero voluntaria por el denominado “estallido social” y luego obligatoria por la nefasta pandemia del Covid-19. Y lo que se esperaba fuera una fiesta se vio manchada por una serie de hechos que ensombrecieron a la organización del Club Deportivo de la Universidad Católica (CDUC), autodenominados en diferentes círculos, también, como “caballeros cruzados”.

Los problemas partieron cuando se conoció que la destacada triatleta nacional Bárbara Riveros participaría del evento sin estar vacunada y, por lo mismo, sin el pase de movilidad. El asunto no se hubiese transformado en el escándalo que fue finalmente, si el director de la carrera no hubiese proclamado un mes antes ante todo Chile que nadie participaría del evento (incluyendo trabajadores, marcas, seguridad e, incluso periodistas) sin tener su pase de movilidad activado. Y así era. De hecho para acreditarse como parte de la prensa era necesario mostrar que el interesado contaba con las vacunas al día.

Pero solo horas antes de la largada se supo que, sin decir “agua va”, las reglas impuestas por los mismos “caballeros cruzados” habían sido acomodadas para dejar que Riveros pudiera competir. Y más allá si las excusas de la atleta eran o no válidas, nos parece un contrasentido gigante en tiempos de pandemia y una muy mala señal, por cierto, que la corredora haya participado en esas condiciones. Sobre todo al momento que la tasa de contagios en Chile y Pucón sube como la espuma y el incipiente movimiento antivacuna aumenta la presión cada día, sobre todo en las complejas redes sociales. Las reglas puestas inicialmente no debieron cambiarse a conveniencia de nadie, definitivamente.

Por último, una mención especial al terrible deceso del triatleta Renato Bastías Fischer en plena competencia. Si bien, en un principio, pareciera ser que el accidente fue una situación fortuita de la que no se pudo tener manejo; y que de acuerdo al informe hecho por la misma organización, estaban dispuestos todos los elementos para atender este tipo de casos con urgencia (incluso un helicóptero); se vio bastante mal a la ambulancia enterrada en la arena y salir solo con la ayuda de la misma gente que estaba en el lugar. Las buenas organizaciones no solo tienen que serlo, sino que también parecerlo.

Con todo, quizás sería bueno que nuestras autoridades locales se sienten a definir lineamientos para este tremendo evento. Pucón no puede quedarse sin triatlón, ya que es una fiesta arraigada en nuestra idiosincrasia como pueblo. Pero tal vez sería bueno analizar los mecanismos para que la organización del evento vuelva a estar en manos locales, tal como lo fue en un principio. Es hora, quizás, de que los “caballeros (y damas) puconinas” estén a la cabeza de algo tan relevante para nuestro pueblo como lo es el Ironman 70.3.