Acceso a la vivienda social: un golpe de timón

Estas últimas semanas hemos sido testigos de un hecho con características de inédito (al menos en los últimos años) en la comuna. Se trata de la toma de casas y, posteriormente, un terreno en la Villa Las Pendientes de Pucón. Y más allá de los cuestionamientos y debates propios de si el acto ilegal (el tomarse un lugar ajeno) es justificado o no por las condiciones que se viven en la comuna y en el resto del país (arriendos caros y sueldos bajos); pone de manifiesto de manera intempestiva una compleja realidad de la cual mucho se ha debatido.

Se trata del problema de acceso a la vivienda social en Pucón. Y es, evidentemente, una situación compleja que, según estadísticas informales, tiene a cerca de mil familias sin poder tener acceso a la casa propia. Y las razones pueden ser variadas y se encuentran mayormente explicadas en el denominado “boom inmobiliario” que vivió Pucón en las últimas décadas; lo que generó que los terrenos se dispararan y se hicieran inaccesibles para los comités y para el Estado que no estaba dispuesto a pagar precios por sobre el nivel del mercado nacional.

Pero los vaivenes del mercado podrían no ser las únicas razones. Al menos así se ve al compararse con la vecina comuna de Villarrica, la que también vive una presión inmobiliaria; pero que se las supo arreglar para permitir el crecimiento de la vivienda social y se generaron una serie de villas y poblaciones que brindaron a las clases media y baja el acceso a la vivienda digna. Pero en Pucón eso no ha sucedido. 

El punto es que tanto para el alcalde como los actuales concejales, el problema de la vivienda social fue un tema de campaña. De hecho, Carlos Barra, en una entrevista con nuestro medio dijo que buscarían el camino corto y no depender más del Estado por lo que invertirían en la compra de terrenos. Entendemos que es tiempo de que esa promesa se cumpla, sobre todo con los dineros del casino ($3.600 millones anuales) que están cerca de ingresar a las arcas municipales con la inauguración próxima del nuevo proyecto de Enjoy. Ahora, comprendemos también que quizás sea bueno revisar la estructura organizacional que sustenta los proyectos de vivienda en la comuna. Es decir, quizás sea necesario dar un golpe de autoridad y reorganizar el modelo que permite la organización de comités y sistematizar de mejor manera el acceso a la burocracia estatal para canalizar los proyectos. Por el bien de la comuna y en pos de la tranquilidad social, quizás sería lógico “golpear la mesa” y dar una señal a toda la comunidad de que el problema del acceso a la vivienda sí es importante y no solo un discurso de campaña. De seguro el jefe comunal encontrará el apoyo transversal de toda la comunidad consciente, incluyendo a la oposición con la que convive en la mesa del concejo local. Aún hay tiempo.